Juanma Nova García
Colaboro con la revista Vuelo de Cuervos desde su nacimiento en el año 2014. Se trata de una revista digital de temática de terror con distintas secciones: relatos, entrevistas, reseñas, cine, literatura… La revista es trimestral, aunque durante el año también se publican algunos números especiales (Navidad; Halloween, etc.). A principios del año 2015 se propuso hacer un especial para Semana Santa. Pasé dándole vueltas varias semanas a mi relato. Normalmente se me ocurren media decena de ideas distintas para cada tema, pero este se me atragantaba. Escribir una historia de terror ambientada en Halloween, en Navidad, incluso en San Valentín, es fácil. Pero ¿en Semana Santa? ¿Qué relato de terror podría ambientar en esa época religiosa? ¿Algo histórico? ¿Paranormal? ¿Tal vez un asesino en serie disfrazado de Cristo resucitado? Barajé varias opciones, pero no terminaron de convencerme. No veía potencial en ninguna de aquellas ideas. El plazo de presentación de los relatos concluía y empecé a ponerme nervioso. Siempre me sobraba bastante tiempo, pero en aquella ocasión no estaba seguro de poder llegar.

    

En ocasiones las cosas suceden sin que intervengan en ellas causas profundas o explicaciones enrevesadas; ocurren por si solas, sin más. Y esta vez fue una de ellas. Puedes devanarte los sesos buscando y rebuscando ideas sin encontrar nada, te sobreviene el bloqueo de la página en blanco y no hay nada qué hacer. Pero, de repente, como esa bombillita que se le enciende a los personajes de dibujos animados, una luz se ilumina en tu mente. Tengo la costumbre de dormir con la radio encendida, casi soy incapaz de conciliar el sueño sin ella. Y una noche de lunes escuchaba las noticias en la oscuridad de mi habitación, dándole vueltas al asunto de aquel relato que rehuía mi pluma. En una de esas noticias hablaron de un tema que estaba en el candelero por aquellos días: el asunto de los curas pederastas de Granada. Creo que no hay cosa en este mundo que me dé más rabia y asco que el abuso sexual a niños. Y más si es por parte de miembros de ese nido de mentiras y corrupción que es la Iglesia. Mientras escuchaba algunos de los abusos que habían sufrido esos menores, la ira fue creciendo en mi interior. Me preguntaba si aquellas salvajadas las hubieran padecido algún hijo o sobrino mío, ¿qué habría sido capaz de hacerle a uno de esos sacerdotes si lo hubiese tenido frente a mí y hubiera podido tomarme la justicia por mi mano? Porque ya sabemos lo indulgente que suele ser la Justicia con la Iglesia Católica. O más bien, la falta de justicia con ella en estos casos. Odio todo tipo de violencia, pero me vinieron a la mente imágenes de uno de esos curas y yo encerrados a solas en un sótano y de los mil tipos de tortura que sería capaz de infligirle.

Vía Crúcis (Undécima estación) Juanma Nova

     Y ahí surgió ese destello de luz del que os hablaba antes, esa bombillita que se iluminó dentro de mi mente: Semana Santa, curas pederastas, vengador justiciero… Como por arte de magia, encajaron todas las piezas del puzzle y la historia tomó fondo y forma. Escribiría una historia de terror en la que un hombre anónimo, cansado ya de la depravación de estos siervos de Dios y la falta de justicia para con ellos, planeaba raptar a un cura pederasta y llevarlo a una casa aislada donde en su sótano recrearía la tortura, sufrimientos y muerte que los romanos le dieron a Cristo en el famoso Vía Crúcis. Una cruda historia de terror y venganza que encajaba con la temática de la revista pero que, al mismo tiempo, llevaba también implícita una importante carga de denuncia social

     Esa misma noche, en la cama y antes de dormirme, moldeé la historia mentalmente en mi cabeza. Y al contrario que en la mayoría de ocasiones, no necesité tomar notas, hacer un bosquejo del relato o documentarme al respecto. A la mañana siguiente escribí la historia casi de un tirón, en tan solo unas pocas horas. Después de las correspondientes correcciones lo envié a la revista Vuelo de Cuervos, donde se publicó en el especial de Semana Santa de aquel año. Y esta fue la génesis de Vía Crúcis como relato, aunque solo el primer capítulo de su historia y recorrido.

 

    

Rubén Guindo Nova
Nos encontramos en 2015. Por aquel entonces yo me hallaba estudiando producción de audiovisuales y cursaba el segundo año. Ya había realizado varios cortometrajes y algunos otros proyectos, aunque todos bastante amateur… Mi relación con esta historia surge también de manera bastante casual, ya que para la asignatura de recursos expresivos nos pedían hacer un cortometraje, y a mí ya no me apetecía seguir haciendo cosas de aficionados. Pensé entonces en embarcarme en algo bastante más serio y potente. La temática era libre, y justo en esos días llega a mis manos un relato de mi tío Juanma Nova titulado Vía Crucis.

     Una cruda historia sobre uno de los temas que más ha conseguido revolverme las tripas durante toda mi vida: la pederastia en la iglesia, y la falta de justicia con esta mafiosa organización. Empecé a darle vueltas al asunto y a reflexionar seriamente sobre todo ello, barajando la opción de trasladar aquel relato a la pantalla en forma de cortometraje. Comenté la idea a su autor, quien estuvo encantado e ilusionado desde el principio con la propuesta.

    

Vía Crúcis (Undécima estación)

Así que la decisión de rodarlo estaba ya en mi cabeza, pero en un principio el planteamiento era hacer algo un tanto casero y más bien cutre; actores amigos o conocidos, escaso o nulo presupuesto, la dirección y producción a cargo solo mías… Pero después volví a la idea original de querer hacer algo más profesional, y es entonces cuando hablo con Germán de RHS Media Producciones, compañero con el que ya llevaba tiempo hablando de la posibilidad de hacer algo juntos. Le comento la idea y le envío el relato para que lo lea; fue solo cuestión de horas que me llamara para decirme que nos poníamos manos a la obra.

     Teníamos muy poco tiempo, dado que era un proyecto para clase y había que presentarlo en tiempo y forma en menos de un mes. Pero aquello no supuso ningún problema, pues los dos nos entregamos a la tarea en cuerpo y alma y nos pusimos enseguida a buscar todo lo necesario para el proyecto: él se encargó de todo el tema técnico, y yo de toda la parte de producción: conseguimos un par de actores interesantes y profesionales, una excelente localización, un buen equipo técnico… y en menos de dos semanas ya estábamos rodando.

     Catorce horas ininterrumpidas de rodaje después (todo un domingo encerrados en aquella sórdida localización), Vía Crucis había pasado del papel a la pantalla, de palabras a imágenes. Y el resultado mereció la pena. Aquel fue uno de los primeros proyectos importantes que realicé junto al equipo de RHS Media Producciones. El cortometraje, aún con sus fallos, carencias o sus posibles mejoras, fue presentado a diferentes festivales de cine fantástico y de terror, entre ellos el de Sitges de aquel año, y llegó a participar en la sección oficial de uno en Santiago de Chile. Y nosotros estamos seguros de que, de no haber sido por la propia temática del corto (incómoda y muy sensible, no por la dureza de sus imágenes, sino por el contenido de denuncia hacia la Iglesia), hubiera gozado de mucha más suerte en nuestro país.

Germán Lozano

En marzo de 2015 llegó a Terrority Producciones, (departamento recién creado con la idea de realizar las producciones de terror dentro de RHS Media Producciones), un relato titulado Vía Crucis. La propuesta era utilizar aquella historia para realizar un cortometraje.

     Tras leerlo con detenimiento vimos grandes posibilidades de trasladarlo a la pantalla, así que nos pusimos manos a la obra para poder llevarlo a cabo. No solo nos gustó el argumento, sino también las posibilidades que nos brindaba para utilizar elementos de caracterización y un ambiente oscuro y lóbrego, que lo convertían en un proyecto muy apetecible, aparte de tener el aliciente añadido de denuncia social que acompañaba a la historia

     Lo primero fue adaptar la narración. Aunque nos gustaba la historia original, queríamos darle una vuelta de tuerca a los personajes y trasladarla a un formato nuevo. Todo fue mucho más fácil al poder disponer de la ayuda del propio autor del relato original, Juanma Nova García. Al fin y al cabo, él era el padre de la criatura; una criatura que estaba viva, evolucionaba y ansiaba crecer.

Vía Crúcis (Undécima estación) foto making of
Vía Crúcis (Undécima estación) foto making of

Escrito el guion, llegó la hora de la búsqueda de las personas indicadas para representar los papeles principales; un psicópata y fanático religioso, y un abusador de menores. Fue tarea complicada, aunque al final, por suerte, no nos llevó demasiado tiempo. Tuvimos claro desde el principio que, para el primero de los personajes, llamaríamos a nuestro actor fetiche, Javier Díaz “Locus” (integrante del grupo de hip hop Dúo Kie, presentador de MTV Tuning España y actor en diferentes proyectos independientes como la webserie La Maquinaria), quien, en cuanto leyó la historia, se mostró encantado de poder encarnar a ese sádico personaje.

     Para el personaje del pederasta barajamos diferentes opciones. No era un papel fácil, pues requería de una intensa carga interpretativa con diferentes estados anímicos y emocionales. Por fin Javier Moyano (reputado actor de cine, teatro y televisión, con apariciones en series como Aída, Los hombres de Paco, Hospital Central o Águila Roja) dio el visto bueno al proyecto y decidió acompañarnos con mucha ilusión en aquella emocionante aventura.

    

Reunir al equipo técnico necesario tuvo también sus complicaciones, sobre todo a la hora de encajar fechas. Para empezar, contamos con el equipo habitual de RHS Media Producciones·, al que se unió un grupo extra de profesionales de producción, dirección de arte, atrezzo, making of, foto fija, sonido y luces. En total, un equipo de unas diez personas detrás de la cámara para, entre todos, coordinar tamaña locura.

     ¡El miércoles 20 de mayo empezaba la aventura! Por delante nos quedaban cuatro largos e intensos días de preparativos antes del rodaje. Muchos elementos decorativos que conseguir, mucha escenografía por preparar, sin contar con la complicada construcción y realización de algunas de las piezas del atrezzo antes del día D.

     Cada historia, por pequeña que sea, tiene a sus espaldas un largo camino. A veces, un discreto sendero termina en diferentes bifurcaciones que no se adivinaban en un principio.  Lo que acabas de leer es ese complicado trayecto que la primigenia idea de Vía Crucis recorrió, primero para tomar cuerpo de relato y, tiempo después, ver la luz en forma de cortometraje. Acompáñanos ahora en este sueño, o quizá pesadilla, que nos adentrará en un mundo de sadismo y perversión. ¿Te apuntas?

Vía Crúcis (Undécima estación) foto making of
Vía Crúcis (Undécima estación) foto making of
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