Mi nombre es Hans Bauman Kleiber. Quiero relatar, en el escaso margen de tiempo del que a√ļn dispongo, los extra√Īos y misteriosos acontecimientos que me han acontecido en los tres √ļltimos d√≠as. He de escribir con premura, pues debo salir de este tenebroso lugar antes de que se ponga el sol. Otra noche m√°s aqu√≠, y quiz√° no vuelva a contemplar un nuevo amanecer.

¬†¬†¬†¬† Comenc√© mi viaje desde Hannover, mi ciudad natal, con destino a Hamburgo hace cinco d√≠as. Voy a visitar a Annika, mi prometida, con la que, si el Alt√≠simo me ayuda, tengo previsto contraer matrimonio la pr√≥xima primavera. Al segundo d√≠a de viaje mi caballo sufri√≥ un percance y perdi√≥ la herradura de una de sus patas traseras. Por suerte, a solo media hora de trayecto, hab√≠a una peque√Īa aldea con una herrer√≠a. Cambi√© la pieza a mi montura y, como ya ca√≠a la noche, el amable herrero me recomend√≥ una peque√Īa posada que hab√≠a en un cruce de caminos un poco m√°s adelante y donde podr√≠a conseguir cama y comida. El √ļnico inconveniente es que tendr√≠a que desviarme de mi ruta un par de millas hacia el oeste; pero tal contrariedad quedaba compensada de sobra con la apetitosa recompensa de una cena caliente y un c√≥modo lecho donde descansar.

¬†¬†¬†¬† Llegu√© al albergue poco antes de la puesta de sol. Dej√© al caballo bebiendo en el abrevadero y entr√© en la posada. Era un lugar sucio y maloliente. Aunque m√°s que oler mal, ol√≠a raro. Un extra√Īo aroma que me era del todo desconocido. Las paredes eran de piedra y supuraban grasa y suciedad. Y el suelo estaba lleno de barro y pisadas. Las cuatro personas, incluido el posadero, que hab√≠a en el interior, me lanzaron miradas hostiles y recelosas cuando cruc√© el umbral. Pero, de entre todas ellas, me caus√≥ especial molestia e inquietud la de un joven que hab√≠a sentado al fondo de la estancia, en una larga mesa que solo ocupaba √©l. Rondar√≠a mi edad, unos veinticinco a√Īos, aunque era m√°s alto y corpulento. Iba embutido hasta el cuello en una larga y exquisita capa roja con ex√≥ticos adornos en el cuello y las mangas. Su larga melena rubia estaba pulcra y concienzudamente peinada hacia atr√°s. Y su mirada‚Ķ Su mirada fue la que hel√≥ mis huesos hasta el tu√©tano: fr√≠a, hostil, despiadada. Me sigui√≥ con ella desde la entrada hasta que llegu√© a la barra de la taberna. Podr√≠a decirse que aquella mirada rezumaba deleite y locura.

     Intenté ignorarla pese a que sentía aquellos ojos helados clavados en mí, desgarrando mi espalda. Pedí una jarra de cerveza, pan, queso y un plato de estofado caliente. Después de la cena, solicité una habitación y pagué la comida y el alojamiento. Antes de ir a dormir, me volví a mirar hacia el rincón, pero estaba vacío. El misterioso huésped había desaparecido, aunque no vi a nadie moverse ni escuché la puerta abrirse o cerrarse tras de mí.

¬†¬†¬†¬† El dormitorio estaba en la misma planta baja, al fondo de un largo pasillo. Y fue all√≠ donde sucedi√≥ el primero de los extra√Īos acontecimientos. Estaba cansado y el sue√Īo me venc√≠a, as√≠ que no me fij√© demasiado en el mobiliario, ni en la disposici√≥n de este, al entrar en mi alcoba. La escasa luz de la vela que me prest√≥ el posadero tampoco ayudaba demasiado. Pero creo recordar que hab√≠a una ventana a la derecha de la cama, y que por ella se colaba algo de luz. La suficiente para iluminar d√©bilmente un cuadro que hab√≠a en el lado opuesto. Era el retrato de un hombre joven, de fr√≠os ojos azules como el hielo y melena rubia. El mismo rostro del misterioso hombre que me hab√≠a escudri√Īado al entrar al local. Era una mirada perversa y enloquecida, ciega de ira y odio. Me cost√≥ una eternidad lograr conciliar el sue√Īo pese al cansancio que acumulaba. Aunque, cuando lo consegu√≠, dorm√≠ de un tir√≥n y no recuerdo ning√ļn sue√Īo de aquella noche. Lo realmente inveros√≠mil sucedi√≥ al despertar, cuando me percat√© de que no hab√≠a ninguna ventana a la derecha ni retrato alguno a mi siniestra. Donde yo hab√≠a ubicado el retrato la noche anterior, era donde ahora estaba la ventana. Entonces, si en la pared no hab√≠a retrato, ¬Ņqu√© era el rostro que yo hab√≠a estado contemplado hasta dormirme? ¬ŅAlguien asomado a la ventana? ¬ŅAquel joven me hab√≠a estado observando desde fuera mientras yo dormitaba?

¬†¬†¬†¬† Cuando pregunt√© sobre el tema al due√Īo de la posada, evit√≥ mirarme a los ojos y respondi√≥ con evasivas. Me cont√≥ que no conoc√≠a mucho a aquel joven; pasaba por all√≠ de vez en cuando, como cualquier otro viajero. Y no exist√≠a ning√ļn retrato, tan solo la ventana que daba al bosque. As√≠ que continu√© con mis dudas: ignoraba si hubo alguien espi√°ndome desde fuera o fueron imaginaciones m√≠as. Decid√≠ olvidarme del tema. Almorzar√≠a y continuar√≠a mi viaje. Pero he aqu√≠ que, despu√©s de tomar un cuenco de gachas de avena y una cerveza, me not√© sin fuerzas y adormecido. Ya me sent√≠ cansado desde que llegu√© al comedor como si, pese a haber dormido, mi cuerpo y mente no hubieran descansado. Me encontraba somnoliento y, al ir a levantarme del asiento, me tambale√© como un borracho y casi caigo al suelo. Era incapaz de dar dos pasos seguidos, y as√≠ no pod√≠a montar tampoco a caballo. La cabeza me daba vueltas y sent√≠ v√©rtigo, n√°useas y mareo. As√≠ que pagu√© al posadero un d√≠a m√°s de alojamiento y regres√© a mi cuarto.

¬†¬†¬†¬† Pas√© todo el d√≠a y la noche en un extra√Īo duermevela, sin saber con certeza cu√°ndo estaba despierto y cu√°ndo dorm√≠a. Debido a la fiebre, o algo m√°s, no pod√≠a pensar con claridad. So√Ī√© con Annika, con la que deb√≠a reunirme al d√≠a siguiente; so√Ī√© con una extra√Īa ciudad donde siempre era de noche y sus casas parec√≠an enormes mausoleos; y so√Ī√© con extra√Īas criaturas que se alimentaban de sangre humana. Una de las veces que despert√©, o cre√≠ hacerlo, encontr√© al posadero intentando hacerme beber de un gran cuenco lo que parec√≠a sopa caliente. En otra ocasi√≥n, vi dos figuras en mi habitaci√≥n, hablando entre ellas y mirando en mi direcci√≥n. Y entre las tinieblas de la madrugada, cre√≠ ver tambi√©n al hombre rubio de g√©lidos ojos. Me sonri√≥ y pude ver c√≥mo asomaban de su boca dos colmillos afilados y prominentes mientras volv√≠a a perderme entre sudores, im√°genes inconexas y pesadillas.

¬†¬†¬†¬† Despert√© al d√≠a siguiente con la mente m√°s despejada y mi cuerpo casi recuperado por completo. Pero hab√≠a algo que no encajaba. Mis sentidos estaban mucho m√°s despiertos: notaba mil olores distintos de manera v√≠vida e intensa, y pod√≠a escuchar el zumbido de una mosca que aleteaba en el exterior de la ventana como si la tuviera dentro del o√≠do. Un picor recorr√≠a tambi√©n el lado izquierdo de mi cuello. Me levant√© y saqu√© de mi maleta un peque√Īo espejo de bolsillo. Ten√≠a aquella zona enrojecida y dos peque√Īas incisiones encima de la yugular. Al mismo tiempo, mi rostro se encontraba p√°lido y demacrado como si, de golpe, hubiese envejecido quince a√Īos.

¬†¬†¬†¬† Hab√≠a o√≠do los rumores de extra√Īas razas de la noche que habitaban por aquella zona y que se alimentaban de sangre humana, pero jam√°s les otorgu√© el menor cr√©dito. Sin embargo, los acontecimientos de los dos √ļltimos d√≠as‚Ķ Me levant√© dispuesto a marcharme enseguida de all√≠. Pero en cuanto recorr√≠ el pasillo y estaba llegando al comedor de la posada, me volvieron los mareos y aquella extra√Īa sensaci√≥n de falta de fuerzas. Fui incapaz de llegar hasta la puerta y tuve que sentarme en el banco de madera que hab√≠a adosado a la pared. Era como si una fuerza invisible me retuviera e impidiera avanzar. Me desvanec√≠ y lo siguiente que recuerdo es estar de nuevo tumbado en aquel camastro, envuelto en brumas y pesadillas. En una de ellas, aquel joven extra√Īo de mirada fantasmal estaba sentado a horcajadas sobre m√≠: sonre√≠a mientras se acercaba a mi cuello para clavarme aquellos afilados colmillos y arrebatarme parte de mi sangre y existencia.

¬†¬†¬†¬† He vuelto a despertar fresco como una rosa, con mis sentidos a√ļn m√°s agudizados que ayer. S√© que, con artes demon√≠acos, esa criatura me est√° robando la vida y el alma cada noche. S√© tambi√©n que hay una fuerza poderosa e invisible que protege la salida, alg√ļn tipo de extra√Īo conjuro o magia negra que me impide huir. As√≠ que no volver√© a acercarme a la taberna de la posada. He decidido escapar por la ventana, coger mi caballo y dejar atr√°s este sitio maldito. Espero conseguirlo con la ayuda de Dios, pero si no es as√≠ aqu√≠ dejo mi desdichado testimonio por si alguien lo encontrara. Si es as√≠, que busque a Annika, mi prometida, y le haga llegar estas √ļltimas palabras. Que sepa que la amo con todo mi coraz√≥n y que la esperar√©, si no es en esta vida, en cualquier otra.

 

H.B.K.

 

 

Un par de semanas despu√©s, el cuerpo de Hans fue encontrado por un cazador en un claro del bosque. Ten√≠a varias incisiones en el cuello y le hab√≠an extra√≠do toda la sangre del cuerpo. Sus facciones estaban desencajadas en una grotesca mueca de horror. En el interior de uno de los bolsillos de su chaqueta se encontr√≥ esta misiva. La extra√Īa aldea con la herrer√≠a y la posada del cruce de caminos no se hallaron jam√°s.