Autor: Terrority Digital Systema dice:

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🖊Crítica: Los Extraños 2 (2018)

País Estados Unidos
Dirección Johannes Roberts
Guion Bryan Bertino, Ben Ketai
Música Adrian Johnston
Fotografía Ryan Samul
Reparto
Christina Hendricks,  Bailee Madison,  Martin Henderson,  Lewis Pullman, Leah Roberts,  Emma Bellomy,  Damian Maffei,  Lea Enslin,  Preston Sadleir
Productora
Intrepid Pictures / Mandate Pictures / Relativity Studios / thefyzz
Sinopsis
Cindy (Christina Hendricks) y Mike (Martin Henderson) se embarcan en un viaje por carretera y planean pasar una temporada en un campamento de remolques antes de dejar a su problemática hija Kinsey (Bailee Madison) en un internado. Pero el viaje se ve interrumpido por la llegada de tres psicópatas enmascarados que atacan y matan sin piedad.
LOS EXTRAÑOS 2Segunda parte de Los Extraños 2008 esta vez dirigida por  Johannes Roberts que ya es algo experimentado en este tipo de producciones.
En esta segunda parte, Roberts, abre el campo de acción, traspasando a los asesinos enmascarados de la casa a campo abierto en un pequeño pueblo, con lo que aumentan las posibilidades a la hora de abordar el desarrollo de la película.
Aunque la película es lineal y bastante tópica, en personajes y estructura, se aleja bastante de las situaciones incoherentes y estúpidas que tenia su predecesora.
El director intenta mostrarnos un buen contenido esmerándose a la hora de plantear los momentos que se suceden a lo largo de la película. Hay pequeños detalles que demuestran la intención de alejarse del conformismo, como la banda sonora  ( que es lo mejor de la película sin duda) con música de lo `80 que acompaña cada vez que se realiza un asesinato. Así mismo tiene alguna escenas bien pensadas como la desarrollada en la piscina o cuando explota el camión casi al final ( que podemos ver una especie de homenaje a Christine de Carpenter con la camioneta en llamas persiguiendo a la protagonista).
Realmente podemos decir que el director intenta darnos un buen producto, pero se queda a medias en su cometido, a pesar de la buenas intenciones la película no llega a ser  buena, monótona y en ocasiones aburrida por falta de lo único que no se puede aprender ni comprar que es el talento.
Se agradece las intenciones en el trabajo pero  la falta de brillantez y talento a la hora de abordar el producto nos deja una película sin mas repercusión que la de ser un estreno.Al igual que la primera parte una película mas de los cientos que hay sobre el genero que no aportan nada nuevo.
Marck E. Monroe

🖊Crítica: Feral (2018)

FERAL crítica por Marck Evelyn Monroe

País Estados Unidos

Dirección Mark Young

Guion Adam Frazier, Mark Young

Música Elia Cmiral

Fotografía Christos Bitsakos

Reparto

Scout Taylor-Compton,  Olivia Luccardi,  Lew Temple,  Renee Olstead,  Brock Kelly, Landry Allbright,  George Finn,  Samantha Gangal

Productora Halcyon / Rough Cut Films

Sinopsis

Un animal salvaje ataca a seis estudiantes de medicina que pasan un fin de semana en el bosque. Uno a uno se van infectando con la “enfermedad feral”, que les convierte en criaturas sedientas de sangre.

Feral es una película que toma como referencia argumental el genero de Zombies. El director hace un excelente trabajo a la hora de sacar partido a las localizaciones en las que transcurre la historia con la ayuda de una excelente fotografía.

Cuenta con un reparto bastante solvente donde destaca  Scout Taylor-Compton y Landry Allbright.

De todas la película arrastra una gran carga que es el ritmo que se le imprime a la misma, el cual no acaba de arrancar, por momentos se hace demasiado tedioso y pesado, los monstruos apenas aparecen en escena y cuando lo hacen es un visto y no visto, y es una pena por que la caracterización esta bastante lograda. Sin un guion solido que sustenta exclusivamente en dichos “Zombies”, si estos no aparecen, la película no logra avanzar de forma fluida.

Por otro lado las muertes que se suceden en la película no tienen suficiente fuerza y originalidad como para solventar la “ansia” de sangre.

Un personaje me descoloco totalmente es el viejo que habita en la cabaña, su comportamiento es bastante bipolar y no hay una razón de peso que llegue a justificar dicho comportamiento.

Por que no explica a las muchachas lo que pasa desde un principio?

por que mato a su mujer y no a su hijo ?

por que encierra a las chicas en el sótano?

Dicho personaje tiene la funciona de crear algo de misterio, esta bastante claro, pero no funciona por falta de coherencia.

En definitiva no es un lo peor que te puedas encontrar, tiene algunos detalles buenos y la dirección es bastante efectiva, pero creo que la falta de presupuesto y un guion mas compacto hacen que el resultado final sea deficiente, olvidable en cuanto llegan los títulos de crédito.

 

Marck Evelyn Monroe.

Cruce de caminos - Un relato de Juanma Nova - Terrority.es

🖊Relato: Cruce de caminos

Mi nombre es Hans Bauman Kleiber. Quiero relatar, en el escaso margen de tiempo del que aún dispongo, los extraños y misteriosos acontecimientos que me han acontecido en los tres últimos días. He de escribir con premura, pues debo salir de este tenebroso lugar antes de que se ponga el sol. Otra noche más aquí, y quizá no vuelva a contemplar un nuevo amanecer.

     Comencé mi viaje desde Hannover, mi ciudad natal, con destino a Hamburgo hace cinco días. Voy a visitar a Annika, mi prometida, con la que, si el Altísimo me ayuda, tengo previsto contraer matrimonio la próxima primavera. Al segundo día de viaje mi caballo sufrió un percance y perdió la herradura de una de sus patas traseras. Por suerte, a solo media hora de trayecto, había una pequeña aldea con una herrería. Cambié la pieza a mi montura y, como ya caía la noche, el amable herrero me recomendó una pequeña posada que había en un cruce de caminos un poco más adelante y donde podría conseguir cama y comida. El único inconveniente es que tendría que desviarme de mi ruta un par de millas hacia el oeste; pero tal contrariedad quedaba compensada de sobra con la apetitosa recompensa de una cena caliente y un cómodo lecho donde descansar.

     Llegué al albergue poco antes de la puesta de sol. Dejé al caballo bebiendo en el abrevadero y entré en la posada. Era un lugar sucio y maloliente. Aunque más que oler mal, olía raro. Un extraño aroma que me era del todo desconocido. Las paredes eran de piedra y supuraban grasa y suciedad. Y el suelo estaba lleno de barro y pisadas. Las cuatro personas, incluido el posadero, que había en el interior, me lanzaron miradas hostiles y recelosas cuando crucé el umbral. Pero, de entre todas ellas, me causó especial molestia e inquietud la de un joven que había sentado al fondo de la estancia, en una larga mesa que solo ocupaba él. Rondaría mi edad, unos veinticinco años, aunque era más alto y corpulento. Iba embutido hasta el cuello en una larga y exquisita capa roja con exóticos adornos en el cuello y las mangas. Su larga melena rubia estaba pulcra y concienzudamente peinada hacia atrás. Y su mirada… Su mirada fue la que heló mis huesos hasta el tuétano: fría, hostil, despiadada. Me siguió con ella desde la entrada hasta que llegué a la barra de la taberna. Podría decirse que aquella mirada rezumaba deleite y locura.

     Intenté ignorarla pese a que sentía aquellos ojos helados clavados en mí, desgarrando mi espalda. Pedí una jarra de cerveza, pan, queso y un plato de estofado caliente. Después de la cena, solicité una habitación y pagué la comida y el alojamiento. Antes de ir a dormir, me volví a mirar hacia el rincón, pero estaba vacío. El misterioso huésped había desaparecido, aunque no vi a nadie moverse ni escuché la puerta abrirse o cerrarse tras de mí.

     El dormitorio estaba en la misma planta baja, al fondo de un largo pasillo. Y fue allí donde sucedió el primero de los extraños acontecimientos. Estaba cansado y el sueño me vencía, así que no me fijé demasiado en el mobiliario, ni en la disposición de este, al entrar en mi alcoba. La escasa luz de la vela que me prestó el posadero tampoco ayudaba demasiado. Pero creo recordar que había una ventana a la derecha de la cama, y que por ella se colaba algo de luz. La suficiente para iluminar débilmente un cuadro que había en el lado opuesto. Era el retrato de un hombre joven, de fríos ojos azules como el hielo y melena rubia. El mismo rostro del misterioso hombre que me había escudriñado al entrar al local. Era una mirada perversa y enloquecida, ciega de ira y odio. Me costó una eternidad lograr conciliar el sueño pese al cansancio que acumulaba. Aunque, cuando lo conseguí, dormí de un tirón y no recuerdo ningún sueño de aquella noche. Lo realmente inverosímil sucedió al despertar, cuando me percaté de que no había ninguna ventana a la derecha ni retrato alguno a mi siniestra. Donde yo había ubicado el retrato la noche anterior, era donde ahora estaba la ventana. Entonces, si en la pared no había retrato, ¿qué era el rostro que yo había estado contemplado hasta dormirme? ¿Alguien asomado a la ventana? ¿Aquel joven me había estado observando desde fuera mientras yo dormitaba?

     Cuando pregunté sobre el tema al dueño de la posada, evitó mirarme a los ojos y respondió con evasivas. Me contó que no conocía mucho a aquel joven; pasaba por allí de vez en cuando, como cualquier otro viajero. Y no existía ningún retrato, tan solo la ventana que daba al bosque. Así que continué con mis dudas: ignoraba si hubo alguien espiándome desde fuera o fueron imaginaciones mías. Decidí olvidarme del tema. Almorzaría y continuaría mi viaje. Pero he aquí que, después de tomar un cuenco de gachas de avena y una cerveza, me noté sin fuerzas y adormecido. Ya me sentí cansado desde que llegué al comedor como si, pese a haber dormido, mi cuerpo y mente no hubieran descansado. Me encontraba somnoliento y, al ir a levantarme del asiento, me tambaleé como un borracho y casi caigo al suelo. Era incapaz de dar dos pasos seguidos, y así no podía montar tampoco a caballo. La cabeza me daba vueltas y sentí vértigo, náuseas y mareo. Así que pagué al posadero un día más de alojamiento y regresé a mi cuarto.

     Pasé todo el día y la noche en un extraño duermevela, sin saber con certeza cuándo estaba despierto y cuándo dormía. Debido a la fiebre, o algo más, no podía pensar con claridad. Soñé con Annika, con la que debía reunirme al día siguiente; soñé con una extraña ciudad donde siempre era de noche y sus casas parecían enormes mausoleos; y soñé con extrañas criaturas que se alimentaban de sangre humana. Una de las veces que desperté, o creí hacerlo, encontré al posadero intentando hacerme beber de un gran cuenco lo que parecía sopa caliente. En otra ocasión, vi dos figuras en mi habitación, hablando entre ellas y mirando en mi dirección. Y entre las tinieblas de la madrugada, creí ver también al hombre rubio de gélidos ojos. Me sonrió y pude ver cómo asomaban de su boca dos colmillos afilados y prominentes mientras volvía a perderme entre sudores, imágenes inconexas y pesadillas.

     Desperté al día siguiente con la mente más despejada y mi cuerpo casi recuperado por completo. Pero había algo que no encajaba. Mis sentidos estaban mucho más despiertos: notaba mil olores distintos de manera vívida e intensa, y podía escuchar el zumbido de una mosca que aleteaba en el exterior de la ventana como si la tuviera dentro del oído. Un picor recorría también el lado izquierdo de mi cuello. Me levanté y saqué de mi maleta un pequeño espejo de bolsillo. Tenía aquella zona enrojecida y dos pequeñas incisiones encima de la yugular. Al mismo tiempo, mi rostro se encontraba pálido y demacrado como si, de golpe, hubiese envejecido quince años.

     Había oído los rumores de extrañas razas de la noche que habitaban por aquella zona y que se alimentaban de sangre humana, pero jamás les otorgué el menor crédito. Sin embargo, los acontecimientos de los dos últimos días… Me levanté dispuesto a marcharme enseguida de allí. Pero en cuanto recorrí el pasillo y estaba llegando al comedor de la posada, me volvieron los mareos y aquella extraña sensación de falta de fuerzas. Fui incapaz de llegar hasta la puerta y tuve que sentarme en el banco de madera que había adosado a la pared. Era como si una fuerza invisible me retuviera e impidiera avanzar. Me desvanecí y lo siguiente que recuerdo es estar de nuevo tumbado en aquel camastro, envuelto en brumas y pesadillas. En una de ellas, aquel joven extraño de mirada fantasmal estaba sentado a horcajadas sobre mí: sonreía mientras se acercaba a mi cuello para clavarme aquellos afilados colmillos y arrebatarme parte de mi sangre y existencia.

     He vuelto a despertar fresco como una rosa, con mis sentidos aún más agudizados que ayer. Sé que, con artes demoníacos, esa criatura me está robando la vida y el alma cada noche. Sé también que hay una fuerza poderosa e invisible que protege la salida, algún tipo de extraño conjuro o magia negra que me impide huir. Así que no volveré a acercarme a la taberna de la posada. He decidido escapar por la ventana, coger mi caballo y dejar atrás este sitio maldito. Espero conseguirlo con la ayuda de Dios, pero si no es así aquí dejo mi desdichado testimonio por si alguien lo encontrara. Si es así, que busque a Annika, mi prometida, y le haga llegar estas últimas palabras. Que sepa que la amo con todo mi corazón y que la esperaré, si no es en esta vida, en cualquier otra.

 

H.B.K.

 

 

Un par de semanas después, el cuerpo de Hans fue encontrado por un cazador en un claro del bosque. Tenía varias incisiones en el cuello y le habían extraído toda la sangre del cuerpo. Sus facciones estaban desencajadas en una grotesca mueca de horror. En el interior de uno de los bolsillos de su chaqueta se encontró esta misiva. La extraña aldea con la herrería y la posada del cruce de caminos no se hallaron jamás.

El rostro del miedo - Un relato de Juanma Nova - Terrority.es

🖊Relato: El rostro del miedo

Creí que, tras llevar décadas recorriendo estos interminables y sinuosos pasillos, aparte de conocerlos de memoria, sabía todo cuanto hay que conocer sobre mi oficio. Y aún más… Pero, como tantas otras veces, me equivocaba. Es el mío un empleo curioso, que requiere sigilo, cuidado y muchas horas de obstinada dedicación. Pero el tiempo nunca supuso un problema… ¡Ah, el tiempo!¡Ese engañoso artificio del ser humano para intentar controlar lo incontrolable!¡Tengo tanto que nunca sé si es poco!

Como contaba, creí que conocía de memoria las ruinosas estancias de este antiguo y laberíntico caserón, que no existía ni una sola habitación, escalera o rincón que no hubiera explorado ya una y mil veces; que no había nada que escapara a mi registro y control. Siempre había pensado que todo aquello era mío. No es así, claro está. Pero es un lugar abandonado… y yo su único habitante y guardián; así que con el paso de los años su vida se había convertido en parte de mí… del mismo modo que, recíprocamente, mi alma había pasado a formar parte de la suya. Por lo tanto, me sentía amo, dueño y señor de todo lo que hubiera entre aquellas paredes y lo que sus mil y un escondites y recovecos pudieran albergar.

Para empezar, el silencio era mío; la oscuridad era mía, el perpetuo abandono, la soledad… incluso el espeso aire enrarecido y viciado y aquella insoportable humedad de catacumba que calaba hasta el tuétano de los huesos eran también míos. Mis sufridas articulaciones, la maltrecha cadera y mis cansadas y gastadas rodillas pueden dar fe de ello. También están las crueles pesadillas y el desasosiego; los monstruos y sus perversiones… Pero eso queda para otro día, para otro relato, si estos pobres dedos siguen en condiciones de sujetar una pluma.

Malditos y escabrosos pasillos; el frío es un estilete a cada paso, y el peor frío no es el que se filtra por las grietas de los muros, sino el que queda tras la gélida estela de mis pasos. Y es que dicen que los de nuestro oficio somos de condición solitaria y carácter huraño e irascible; celosos hasta la saciedad de nuestra causa y de sus secretos y misterios. Así debe ser. Y así era hasta que sentí por vez primera… ¿miedo?

Descansaba yo en mis aposentos, tumbado en un viejo diván. Era media mañana, pero de un día gris y lluvioso de finales de otoño, con lo que no difería en mucho de un oscuro atardecer. Además, las cortinas de terciopelo carmesí permanecían echadas sobre los amplios ventanales, con lo que en la estancia no se filtraba atisbo alguno de luz. Estaba a punto de dormirme, deambulando en ese extraño duermevela que separa la vigilia del sueño profundo. Fue entonces cuando noté un ligero movimiento, un apenas perceptible cambio en la ondulación de la corriente de aire. Entreabrí ligeramente los ojos, pero permaneciendo quieto, paralizado, inmóvil… Frente a mí comenzó a dibujarse el contorno de una silueta y dentro de ella, unos ojos, lentos e insomnes… pero manteniéndome siempre y en todo momento dentro de su ángulo visual. No era un sueño, estoy convencido de ello. Cerré los puños apretando las uñas contra las palmas de mis manos para asegurarme de que podía sentir el dolor, que estaba despierto. Recuerdo la escena como si la estuviera viviendo ahora mismo. La sombra se acerca. Sigilosa, con cautela… inclinándose sobre mi rostro. Noto el roce repulsivo y nauseabundo de su hálito como un escalofrío. Contengo el aliento e intento detener las pulsaciones de mi corazón simulando estar muerto. Permanece una eternidad en aquella posición, estático, acechante. Parece no verme.

Entonces, y tras no poder aguantar más la respiración, exhalo una bocanada de aire. La extraña abominación se percata entonces de mi presencia, abre unos ojos enormes y se gira abriendo de forma grotesca sus fauces, olfateando con sus fosas nasales la oscuridad y mi silencio. Profiere un escalofriante y aterrador alarido. La sangre se hiela en mis venas. Mi corazón pide auxilio. Vacío mis pulmones con sigilo, exhalando el alma del interior. Noto la hiel en el estómago y su regusto amargo en la garganta. Me dejo llevar, como si un último hálito escapara de mis entrañas, buceando entre la penumbra hasta envolver con un aura olivácea el rostro de aquel engendro…

Al fin la aparición se esfuma. Todo parece volver a la calma y cotidianidad de siempre. Pero algo ha cambiado. Noto que aquellas estancias y sótanos tan familiares ya no me pertenecen del todo. Pongo todos mis sentidos en la calma quieta de la noche, en un silencio roto solo a intervalos regulares por el sempiterno repiqueteo del agua de lluvia sobre las losas de la entrada. Con su hipnótica letanía mi oído vuelve a captar un sonido; el eco cercano de unos pasos furtivos sobre el suelo de piedra. De quién se trata, cómo, cuándo y de dónde vino, y qué quiere aquí, es algo que no puedo saber ni entender. Algo que aún me parece inconcebible. Y aunque mi pensamiento no pueda aceptarlo como real, me hace recordar cosas que obviamente ya había olvidado hace mucho tiempo.

¿Miedo?

Sí, vuelvo a sentirlo. Pese a nuestra condición, los espíritus descarnados no estamos libres de experimentar también el miedo.

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🖊Review: HISTORIA DE DOS HERMANAS (Janghwa, Hongryeon) 2003

Película surcoreana dirigida y escrita por Kim Jee-woon con una fotografía a cargo de Lee Mo-Gae. Interpretada por Kim Kap-Su,  Yum Yung-Ah,  Lim Su-Jeong,  Moon Geun-Young,  Lee Seung-Bi, Park Mi-Hyun.
El director nos presenta un ejercicio de verdadero análisis, donde, para entender lo que está por exponer en la historia hay que permanecer atento a los detalles para así poder armar el puzle que esta historia.
La baza de la película es presentar (incluso por la portada) una premeditada idea hacia el espectador, lo hace que sea anidada equivocadamente en el género de terror,  pero en realidad mostrarnos otra que poco tiene que ver.
L a historias está contada desde la perspectiva de una persona mentalmente enferma así la narrativa se nos presenta desequilibrada y  confusa que recrea una perfecta atmósfera absorbente y paranoide. Un  drama psicológico (lo mas correcto para definir esta película) con un planteamiento y desarrollo magnífico que pone de relieve los sentimientos de culpa que derivan en diversos trastornos mentales. Con un ritmo, en momentos,  excesivamente lento pero necesario ya que  es la única manera de poder hacer encajar todas las piezas, ya que no es una película fácil de entender dada su propia naturaleza, una vez se nos presenta el final, el cual, dando un giro de 360%  te deja con la mandíbula desencajada. Una magnífica obra con el único pero de un par de escenas tramposas (lo comentare en los spoilers) utilizadas para confundir al espectador innecesarias y que le restan puntos a este film.
Destacar las actuaciones de la hermana mayor y la madrastra  que, inusualmente en este tipo de films, son magníficas.
Una estupenda película muy bien planteada que se desmarca de las típicas películas de fantasmas/apariciones  que proceden de Asia…..Un buen ejercicio psicológico y análisis que profundiza de manera brillante en la mente del ser humano. Ríete tu del resplandor y de múltiple….
SPOILERS: si no has visto la película recomendado que no sigas leyendo ya que explico la película.
NO hay fantasmas, ni ningún  elemento sobrenatural. Vale, la escena final del armario, con la supuesta madrastra vestida con su traje gris (el uniforme que la identifica como personaje real). También cuando la epiléptica ve “una niña” bajo el fregadero (las trampas que comente más arriba). Dos escenas tramposas para confundir al espectador y que sirven para mantener la idea de las apariciones y fantasmas. O sea la confusión.
Excepto en los flashbacks, sólo hay 2 personajes centrales (vivos y reales): el padre y la hija mayor.
 Los hechos:
Un matrimonio con dos hijas. La mujer enloquece. El marido, médico, recurre a una compañera del hospital (¿enfermera? ¿Médico?) Para tratarla o atenderla.
La hija mayor desarrolla un complejo de Electra (lo de Edipo en mujer: se enamora del padre). El complejo de culpa la desquicia. No sólo por la idea de incesto en sí sino por la “traición” hacia su madre. Para superarlo ella lo hace enloqueciendo: desdobla su personalidad en hija y amante. Para la amante, elige la imagen de la enfermera/médico (es irrelevante si el padre termina teniendo una relación con la mujer o no). Cuando vemos a la “madrastra/amante” en la casa no es real, es la proyección de la hija demente enfrentándose a sí misma.
La madre se suicida en el armario de la hija menor, el armario cae sobre ésta. La hermana mayor (desdoblada como “amante”), la ve pero no la ayuda, la deja morir. Otro sentimiento de culpa que añadir.
Se deduce que la hija ha sido internada. Cuando “se recupera”, el padre la lleva a casa. Están solos. Bueno, para ella no tanto: en ocasiones se desdobla en la figura de la amante, ya oficialmente convertida en madrastra en su mente (por ello a pesar de ser la supuesta amante nunca duerme con el padre). Y sigue viendo a su hermana, a la que tiene que proteger de su otra personalidad, la madrastra, que condensa todas sus culpas para mantenerlas alejadas de ella. El padre no es un lelo que no se entera de nada, es un médico que sabe que su hija está desequilibrada. Las manchas de sangre y demás elementos( apariciones) que aparecen y desaparecen sólo están en la imaginación de ella. La historia se cuenta desde el punto de vista de la hermana mayor.
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🖊Reseña: Deep Blue Sea 2

País Estados Unidos

Dirección Darin Scott

Guion Erik Patterson, Hans Rodionoff, Jessica Scott

Música Sean Murray

Reparto

Michael Beach,  Danielle Savre,  Rob Mayes,  Darron Meyer,  Nathan Lynn, Kim Syster,  Lily Spangenberg,  Gino Lee,  Jeremy Boado

Productora Syfy

Sinopsis

La Doctora Misty Calhoun, conservacionista de tiburones, es invitada para asesorar un proyecto secreto organizado por el farmacéutico millonario Carl Durant. Calhoun se sorprende al descubrir que la compañía utiliza a los agresivos e impredecibles tiburones toro para los tests.

Secuela de Deep Blue Sea del año 1999, la cual a pesar de su baja calidad obtuvo algo de aceptación entre el publico, que ha sido lanzada directamente a el ámbito domestico del dvd.

Esta secuela es un excelente ejemplo de como realizar una película mala y tirar el dinero.

Si bien tiene un comienzo bastante decente, podríamos asegurar que los títulos de crédito iniciales es lo mejor que podemos encontrar, pronto nos damos cuanta de que estamos ante un producto lleno de cliches, empezando por propios personajes donde tenemos, la típica tía buenorra ( la cual enseña escote incluso cuando se pone el traje de neopreno) el chuliboy de playa que es un ex-militar ( que por supuesto termina con la rubia buenorra aunque no se den un solo beso en la película) los nerds y el malo loco con complejo de mesías o algo parecido.Todos recreados sin personalidad alguna e interpretados de forma penosa.

Otro caso de vergüenza ajena es el detonante argumental, toda la investigación que se esta llevando acabo con los tiburones es para buscar un fármaco que pueda potenciar la mente humana y así poder combatir en un futuro a las maquinas  ¿!?.Como no se le habrá ocurrido esto a los responsables de la saga de Terminator ¿?

Para rematar la faena los tiburones, el principal reclamo de la película, apenas aparecen en pantalla, en su lugar, para ahorrar costes, se sacan unas crías de tiburones que son unas especie de pirañas que chillan como murciélagos.

En definitiva una película penosa, y no es cuestión de presupuesto si no de mala praxis,  hay películas de Chuck Norris  que parecen superproducciones al lado de esto.

Creo que es lo peor que he visto en lo que llevo de año, muy, pero que muy mala.

Como dije al principio una manera genial de como tirar el dinero.

Marck E. Monroe

El Profanador - Un relato de Juanma Nova - Terrority.es

🖊Relato: El Profanador

Su nombre de pila era Sándor, pero todos lo conocían como “El profanador”. Originario de Békéscsaba, desde que se casó con Erika vivía junto a ella en Gyula, una pequeña ciudad del sudeste de Hungría, cerca del río Fehér-Körös y la frontera con Rumanía. Si algún forastero llegaba por allí, no necesitaba indagar demasiado para conocer la naturaleza de su trabajo. Pero nadie le temía, culpaba o reprochaba aquello. Más bien, eran muchos los que solicitaban sus servicios

Desde muy joven, había seguido los pasos de su padre László. En aquella época, la creencia en bestias y criaturas nocturnas deambulando entre los vivos iba más allá de la mera superstición. Todo el mundo estaba convencido de su existencia y era difícil encontrar a alguien que no jurara haberse topado con alguna. Se pensaba que aquellas razas de la noche eran inmortales y tenían el poder de volver de sus tumbas una vez muertas. Así que la única manera conocida de acabar con ellas definitivamente era descuartizarlas en vida, o abrir sus tumbas una vez muertas y proceder de la misma manera. Su padre había luchado y exterminado a decenas de aquellas bestias. Ahora Sándor, con la ayuda de Dios, seguía librando la eterna batalla contra los demonios del mal.

El trabajo de aquella noche sería uno más. Una familia pobre de una aldea cercana le había llamado. Su hijo había fallecido por la mañana, víctima de unas repentinas fiebres, y le habían dado sepultura aquella misma tarde. Sus padres siempre sospecharon que, de alguna manera, pertenecía a aquella estirpe maldita. Desde pequeño disfrutaba torturando y matando animales para después beberse su sangre. Ya de adulto le habían pillado haciendo lo mismo… con su propia hermana. La chica despertó y gritó, y ellos llegaron a tiempo. El joven argumentó en su defensa que era sonámbulo, estaba dormido y no sabía lo que había hecho. Pero aun así lo echaron de casa. En los meses siguientes, dos jóvenes adolescentes murieron desangradas y torturadas de forma atroz. El resto del pueblo sospechaba del chico. Ellos sabían con absoluta certeza que era él. Ya estaban pensando en hablar con los vecinos, contarles la verdad y acabar con su vida cuando aquellas benditas fiebres les habían ahorrado el trabajo. Pero ahora temían que volviera de su tumba con sed de venganza y apetitos aún más depravados. No se atrevieron a descuartizar el cuerpo ellos mismos. Pese a todo, había sido su hijo. Llamarían a “El profanador”.

Estaba acostumbrado a aquel ritual, lo había realizado hasta la saciedad desde su juventud. Sin embargo, aquella noche sintió un súbito escalofrío cuando pisó por primera vez aquel cementerio. El invierno acababa de asentarse y sus primeros alientos gélidos, tétricos como lamentos, sisearon oscuros murmullos entre las lápidas agrietadas y mohosas. Varios cipreses ya muertos levantaban su leprosa y desnuda osamenta hacia la eternidad del cielo, evidenciando su pesada y lúgubre antigüedad. Mientras, la mano helada del viento arrancaba de sus ramas notas y vibraciones insufribles, componiendo una melodía de macabra y aterradora desolación. Pero no se dejó intimidar. Había venido a realizar un trabajo… y lo haría. No se trataba solo de dinero; él era un ángel enviado por Dios para librar su divina batalla en la tierra contra las alimañas de las tinieblas. Así que levantó la pesada losa de mármol negro y retiró la primera paletada de gusanos y tierra.

Mientras realizaba su trabajo, tuvo la impresión de que una miríada de seres invisibles y llenos de ira le acechaba en la oscuridad. El viento gélido arreciaba y parecía arrastrar consigo inconfesables letanías de pesadumbre. Fue entonces cuando le pareció escuchar el susurro de unas pisadas sobre la hierba. Se volvió asustado, escudriñando las sombras en todas direcciones. Pero la lámpara de aceite que había llevado consigo apenas alumbraba un par de metros alrededor. En el círculo de luz que la llama había iluminado, nada se movía. Contuvo la respiración. Aguzó el oído… Nada. Ningún sonido salvo el ulular del viento y los latidos dentro de su pecho. Pero le había parecido oír unos pasos acercándose por detrás. No… no podía ser. Allí no había nadie. Sin duda, se había sugestionado demasiado. Dejó que su respiración se acompasara, que el corazón volviera a latir a su ritmo…

Una vez hubo desenterrado el cadáver, la tarea no le llevó demasiado tiempo. El cuerpo ya estaba frío, pero aún no había empezado a descomponerse. Si era un hijo de la noche, nunca lo haría. A no ser que se le pusiera verdadero fin a su existencia. Para eso estaba allí. En primer lugar, atravesó su corazón con una daga afilada. Mientras lo hacía, le pareció ver por el rabillo de su ojo izquierdo como el difunto abría los suyos. Cuando se giró para mirar, estaban cerrados. ¿Habría sido su imaginación? Sin duda. Aunque si aquel ser aún no estaba muerto del todo… Desterró aquella idea. Debía acabar su trabajo con premura antes de que el pánico se apoderase de él. Con un hacha afilada cercenó la cabeza de sus hombros. A continuación, desmembró las extremidades del resto del cuerpo. Ya no habría manera de que aquel engendro escapara de su tumba para seguir dando rienda suelta a su sed de sangre. Volvió a cerrar el ataúd, lo cubrió con tierra y selló la losa de mármol de su lápida.

Caminaba ya hacia la salida cuando, esta vez sí con total nitidez, escuchó extraños crujidos, como de pisadas sobre hojarasca, que se acercaban tras él. Miró en derredor, pero no consiguió ver nada… ¿De dónde había salido de repente aquella niebla? No era raro que muchas noches de invierno se posara sobre el valle y las riberas del río. Pero siempre lo hacía de manera paulatina, nunca de golpe. Además, aquel pesado manto parecía insano, maligno; como si escondiera seres perversos y hostiles en su interior. Escuchó un sonido tembloroso y lóbrego, como si procediera de las profundidades de la tierra. Tenía que llegar a la verja de salida, pero con la niebla se había desorientado y no sabía en qué dirección caminaba. Por si fuera poco, había olvidado la lámpara de aceite al lado de la tumba, perdiendo con ella su única fuente de luz. La niebla hacía que la noche fuese menos oscura, pero no sabía si prefería aquellas oscuras tinieblas insondables de antes o aquel nuevo halo fantasmagórico de agobiante invisibilidad.

Llegó a una pared de piedra. Al menos ya no se encontraba en las entrañas del camposanto, pero tampoco sabía en qué punto cardinal se hallaba. Así que empezó a dudar hacía dónde dirigirse. Escalar el muro tampoco era algo factible. Las paredes eran demasiado altas y las piedras lisas estaban resbaladizas por la humedad con que la niebla las había lamido. Y no había nada que le sirviera de asidero. Si al menos encontrara algo a lo que poder subirse. ¿Pero qué? No tenía tiempo. Y mientras, algo se acercaba por detrás. Cerca, cada vez más cerca… reptando por el suelo… Debía ponerse en movimiento ya. ¿Izquierda o derecha? ¡Qué más daba! Se dio la vuelta…

…y allí estaba el joven demonio al que acababa de descuartizar, de pie frente a él. Volvía a tener la cabeza sobre los hombros y los miembros en su sitio, aunque se contemplaban con nitidez los espantosos tajos que su hacha le había producido. De ellos surgían jirones de carne muerta y resbalaban surcos de sangre. Quiso gritar, pero no lo consiguió. Intento correr, pero no supo. La criatura se acercaba a él. Sonreía. Tras ella, con repugnante sigilo, surgían extrañas figuras de cada una de las lápidas arcanas…

El espectro sacó una larga y monstruosa lengua por entre dos largos y afilados colmillos y se lamió los labios resecos con deleite. Tras sus ojos negros y profundos acechaba un abismo. Las figuras siniestras se acercaron reptando lentamente; rictus relampagueantes de ira, rostros carcomidos por la descomposición, desgarrones de sudario que apenas ocultaban los multiformes horrores de la descomposición. Escuchó la congregación de siseos ansiosos, de alaridos triunfantes y espantosos que surgían del coro de bocas cadavéricas, de las repulsivas llamas del mismísimo Averno…

Se formó una danza alucinada. Sintió sobre su rostro el roce nauseabundo de unos dedos rugosos. Tuvo el efecto de una sacudida. Intentó huir, pero aquellos engendros demoníacos le cerraban el paso. Sintió unas manos frías acariciando sus mejillas, una lengua helada lamiendo sus labios, unos afilados colmillos hundiéndose en su cuello. Regresaron entonces las bestias a sus refugios infectos y hediondos…

…Y él se hundió con ellas.

 

Juanma Nova

El trueque - Un relato de Juanma Nova - Terrority.es banner

🖊Relato: El Trueque

(27 de Ooctubre del año 1537. Castillo de Leap, Condado de Offaly, Irlanda)

 

 

Era ya noche cerrada cuando una enorme aldaba resonó con fuerza tres veces en el interior del castillo. El sirviente miró a su señor, quien permanecía sentado en una butaca de la biblioteca. Éste hizo un ademán afirmativo y el criado salió hacia la puerta de acceso al patio de armas. James O’Carroll se levantó tras él. Era alto y fuerte, como todos los de su clan. Sus facciones angulosas daban a su rostro un aspecto severo. Tal era su carácter, frío y autoritario. La mirada gélida de aquellos ojos verdes infundía respeto, cuando no temor. Y los mechones de cabello rojo le caían en cascada por la espalda como ríos de sangre. Otro elemento distintivo de su linaje. Era el lord del castillo y de todas las tierras anexas: tal y como lo había sido de sus antepasados desde que los antiguos O’Carroll colocaran sus primeras piedras allá por el año 1250 de nuestro señor.

Las enormes puertas de entrada chirriaron y se abrieron. Cuatro soldados franquearon el umbral. Portaban a hombros un ataúd poco más grande que el de un niño. Era de madera blanca. Se detuvieron frente a su señor. A un gesto de éste, depositaron el féretro en el suelo. A otra señal de su lord, uno de ellos se adelantó y abrió la tapa con una palanca de hierro. Lord O’Carroll se desmoronó entonces, llorando y balbuceando sobre el cuerpo que allí descansaba.

—¡Cairenn! ¡Mi bella y adorada Cairenn! —exclamó entre sollozos.

Lady Cairenn había sido su esposa. Acababa de fallecer dos días antes víctima de unas repentinas y violentas fiebres. Hacía tan sólo tres meses que habían contraído matrimonio y James no era capaz de aceptar que aquello hubiera sucedido. Estaba perdidamente enamorado de ella. Le había arrebatado el corazón y la voluntad desde el mismo día que la conoció, hacía ya dos primaveras. Además, pocos días antes le había dado la noticia de que llevaba el fruto de su semilla creciendo dentro de su vientre. Maldecía a Dios por aquello. Y no estaba dispuesto a acatar sus designios e incomprensibles castigos, así como así. ¿Por qué? ¿Por qué a él que le había servido humildemente durante toda su vida? El entierro se había celebrado aquella misma tarde. Señores y nobles, condes y duques de toda Irlanda habían acudido a mostrar sus respetos y condolencias a Lord O’Carroll. Pero nada más marcharse ordenó a cuatro de sus soldados que, en cuanto el sol se hubiera puesto tras las colinas de Offaly, levantaran la tumba y desenterraran el féretro con cuidado de no ser vistos por nadie, y lo llevaran de vuelta al castillo.

Cuando hubo recobrado la compostura, ordenó a los soldados que volvieran a levantar el ataúd y le siguieran. Atravesaron varias salas enormes y otros tantos pasillos cuyas paredes adornaban enormes tapices de imágenes de caza y retratos de todos sus antepasados. A la derecha del último pasillo había una puerta ovalada que abrió con una llave medio oxidada. Tras ella, unas escaleras descendían hacia un piso inferior. Había antorchas colocadas a intervalos regulares a ambos lados, pero aun así la visibilidad era escasa. Las escaleras eran anchas, pero para cuatro hombres con un cargamento a hombros no lo eran tanto, así que descendieron despacio y con extremo cuidado. Tras las escaleras, una sala de la que se bifurcaban varios pasadizos. Siguieron el último de la izquierda. Al final de este, otra puerta cerrada con llave y más escaleras hacia las profundidades, esta vez más estrechas. Siguieron el mismo ritual de pasadizos laberínticos y escaleras otros tres niveles más, cada vez más angostos, retorcidos y sinuosos. En total, se habían adentrado cinco pisos en el interior de los subterráneos del castillo. Ninguno de los soldados podía imaginar que bajo sus pies hubiera tantos niveles. Era una construcción de enorme complejidad, pues era casi una misma ciudad de pasadizos y escaleras bajo tierra. Se detuvieron frente a una pequeña poterna. Pensaron que tal vez allí se encontraban las catatumbas o criptas secretas donde el señor quería depositar los restos de su amada esposa, junto a los restos de otros ilustres antepasados. Pero lo que O’Carroll les dijo los dejo confundidos y consternados.

—Otros soldados han bajado hasta aquí desde siglos pasados. Algunos compañeros vuestros están ahí dentro y otros incluso en niveles inferiores. Pero para vosotros es la primera vez. Habéis prestado juramento de servirme hasta el fin de mis días y de jamás revelar nada de lo que suceda puertas adentro de la fortaleza. Sabéis lo que les ocurre a los que infringen las normas, así que no creo necesario recordáoslo. Esa promesa adquiere más relevancia aquí abajo. Os he escogido a vosotros porque sois cuatro de mis más valientes y leales guerreros. Porque tengo plena confianza en vosotros. Y porque no podía prescindir de ninguno de los soldados que permanecen ahí dentro, y que hasta ahora no conocéis. Pero debía bajar hasta aquí a Lady Cairenn, y yo solo no podía hacerlo. Así que esta es la importante y secreta misión de la que os hablaba esta tarde. Y de la que obtendréis vuestra debida y generosa recompensa, si todo sale bien.

»Vamos a cruzar ese umbral —prosiguió James O’Carroll tras una breve pausa—. Sé que sois soldados valientes, curtidos en mil batallas. Sé que habéis visto horrores inimaginables, que habéis participado en misiones cruentas y sanguinarias, que habéis contemplado sucesos espantosos en la guerra. Pero lo que hay tras esa puerta es distinto. Es probable que no estéis preparados. Nadie lo está. Ni siquiera yo lo estoy, pese a haberme enfrentado a ello en incontables ocasiones. Pase lo que pase, sed fuertes. No os voy a decir que no tengáis miedo, pues yo mismo no puedo evitarlo. Pero no lo mostréis. Si alguien o algo se dirigiese a vosotros, ignorarlo. Dejadme hablar sólo a mí. Si queréis rezar, hacedlo. Pero no os servirá de mucho. Os puedo asegurar que Dios nunca ha cruzado esa puerta.».

Lord O’Carroll llamó varias veces, con breves intervalos y distinto número de golpes en cada ocasión. Sin duda era una contraseña. Al momento se oyeron varios cerrojos que se descorrían y una llave que giraba en su cerradura. La poterna se abrió. Tras ella, dos soldados se recortaron sobre el umbral, saludando a su señor. Iban vestidos con la armadura correspondiente: yelmo, cota de malla, sobreveste, escudo, gruesos guantes, pesadas botas de cuero…  y estaban armados hasta los dientes. Su lord les devolvió el saludo y se apartaron cada uno hacia un lado. Pasó entre ellos y los soldados que portaban el ataúd le siguieron. Entraron en una especie de enorme celda horadada en la tierra. Era más bien una cueva de dimensiones inimaginables y aspecto dantesco. Otro soldado abrió una reja oxidada que también atravesaron. Había escasa visibilidad, pero otro oficial estaba encendiendo con una tea algunas antorchas que había dispuestas en las paredes. La luz se fue haciendo en el interior, iluminando la estancia.

En el lateral más cercano de la galería se fueron definiendo los contornos de dos siluetas. Se encontraban amarradas a la pared con gruesas cadenas y enormes grilletes. Uno era una especie de hombre, por llamarlo de alguna manera. No tenía cabello y en su piel macilenta se mezclaban tonos de cerúleo y gris. De su boca surgían afilados colmillos, como los de una fiera salvaje. Sus ojos eran redondos, su iris verde y su pupila vertical, como la de un gato. Y el cuerpo era puro músculo. Mediría más de dos metros y, por su fuerza y tamaño, podría acabar con todos los soldados que había allí dentro en un santiamén. Por suerte las cadenas y los grilletes eran fuertes y le anclaban sin compasión a la roca de la gruta. Bufó cuando O’Carroll entró en la celda. A su lado había algo parecido a una mujer. Tal vez su compañera. Era algo más pequeña que él, pero aun así de colosal envergadura. Su piel era algo más sonrosada, pero con algunos tonos de verde oscuro y escamas como un lagarto. El pelo lacio y oscuro como el ébano le llegaba hasta las caderas. Y sus ojos… Sus ojos eran la propia ausencia de ellos. Dos pozos negros sin pupila que se perdían en la larga noche de los tiempos. Parecía no ver nada, pero vislumbraba cosas que nadie ha visto ni verá jamás. Rio con ganas cuando todos estuvieron dentro. Era una risa gutural y terrorífica.

—¡Mors secuta est vobis! —recitó en latín una voz áspera y profunda desde el otro extremo de la galería. Todos se volvieron hacia aquella letanía de ultratumba que dejaba entrever sabiduría, astucia y maldad. La criatura que allí permanecía prisionera era la más aterradora de las tres. De mayor altura incluso que la primera. Y sus colmillos, más largos y afilados. Su piel era oscura, como castigada por eones de tiempo, y agrietada. El cabello le caía en largos mechones irregulares y dispersos a ambos lados del rostro y su amplia espalda. De sus ojos emanaban iridiscencias de rojo, amarillo, verde y negro. Fugaz como un relámpago, una lengua bífida como la de una serpiente se asomó un momento por entre los colmillos para perderse de nuevo en el interior de aquella monstruosa boca. Su aparato genital era masculino, un enorme miembro viril más propio de una bestia que de un hombre, pero como también poseía dos generosos pechos no podría asegurarse con certeza a qué género pertenecía. Los cuatro soldados tragaron saliva y depositaron el féretro en el suelo, tal y como les indicó su señor. Les había dicho que no mostraran temor, pero no pudieron evitarlo. No era miedo, sino un terror gélido que les iba subiendo por la espalda, aferrándose a la nuca y atenazando todos sus músculos. Intercambiaron miradas inquietas entre ellos.

—Conoce bien la muerte aquél que se nutre de ella —contestó James O’Carroll a la abominable criatura.

—¿A cuántos de tus congéneres, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, inocentes o culpables, has arrebatado tú la vida? No puedes esconderte de tus crímenes y horrores.  Tampoco salvarte de tus pecados. No eres mejor que yo. No eres mejor que nosotros. Tan sólo somos distintos —El engendro arrastraba despacio las palabras, con un acento metálico y perturbador. Volvió sus ojos para mirar a Lady Cairenn—. ¿Me traes un regalo en ese ataúd? Es hermosa, sin duda. Y muerta, lo es aún más—dijo relamiéndose los labios con aquella monstruosa lengua bífida. Las dos criaturas del otro extremo sisearon también como reptiles. Entonces otro coro de aullidos, rugidos y gritos inhumanos reverberó en toda la estancia. ¿De dónde procedían aquellos nuevos lamentos? Los soldados se encogieron y miraron hacia la dirección de la que parecían provenir. No se fijaron al entrar, pues habían quedado petrificados ante la visión de aquellos seres inmundos. Pero ahora pudieron ver con claridad que de la parte del fondo de la caverna surgía un tenue resplandor. Allí había un agujero protegido con fuertes barrotes de hierro. En su interior se veía el principio de un nuevo tramo de escaleras que descendía hasta otros niveles inferiores. Los gritos lastimeros y desgarradores les helaron la sangre. ¿Era posible que, aún más abajo, hubiera criaturas más atroces y deleznables que aquellas que sus atónitos ojos estaban contemplando?

—Tu voz les sigue poniendo de mal humor. Y les abre el apetito —dijo el lord con una tímida sonrisa.

—Sabía que ella iba a morir —replicó la bestia ignorando su comentario y los alaridos de los engendros a los que O’Carroll se refería— ¿Tú no? ¿No escuchaste el lamento de la Banshee la otra madrugada? —Le mostró una mueca grotesca y despiadada— ¿A qué has venido?

—Vengo a hacer un trueque, Caorthannach —Por primera vez O’Carroll se dirigía al monstruo por lo que parecía ser su nombre. Tras pronunciarlo, las criaturas que moraban más abajo se agitaron aún más y los lamentos desgarradores se convirtieron en demoníacos.

—No pronuncies mi nombre. No eres digno de hacerlo —Lo fulminó durante unos momentos con una mirada de la que brotaban llamas—. Llevo aquí más de cien años, desde que tu bisabuelo me puso estos grilletes. Él sí que era un gran hombre. Quizá el único por el que he sentido cierto respeto en toda mi larga existencia. Nadie más tuvo el valor de enfrentarse a mí, aunque es cierto que lo hizo con cierta y notable ayuda. Pero eso no le resta valor —Hizo una pausa escrutando la mirada gélida de su oponente—.  Vuestro linaje ha ido perdiendo sabiduría y vigor con el paso del tiempo. Ni tu padre fue ni tú serás nunca la mitad de hombre que él. Sí, más de cien años aquí confinado, comiendo los restos de cabras y alimañas que nos traéis, soportando sus alaridos ahí abajo… ¿y ahora, de repente, quieres hacer un trueque? La verdad es que me intriga tu petición. ¿Qué pretendes ofrecer que pueda interesarme? ¿Y qué pides tú a cambio?

—Su vida por tu libertad —dijo señalando al cuerpo inerme de Lady Cairenn que descansaba en el interior del ataúd. Hubo unos momentos de silencio tras lo cual la bestia estalló en guturales carcajadas. Las otras dos criaturas se unieron a él en un coro enloquecedor. La figura femenina sacó la lengua a uno de los soldados. No era reptiliana como la del otro, pero no por ello menos espantosa. Pese a su apariencia humana, estaba cortada por la mitad, como si la hubieran cercenado en dos mitades con un cuchillo. Cada una de las dos tenía vida independiente de la otra. Mientras una se lamía la mejilla derecha, la mitad izquierda giraba en círculos obscenos. El soldado apartó la mirada a punto de vomitar.

—¡Vaya, debe de haberte causado una honda impresión! Es cautivadora, lo reconozco. ¿Pero tanto como para llevar a su hombre a cometer una locura semejante? Debe de haberte proporcionado placeres prohibidos y maravillosos para que me pidas algo así. ¡Cuéntame! ¡Háblame de esos placeres!

—¡Su vida por tu libertad! —repitió Lord O’Carroll de nuevo, esta vez con más firmeza, haciendo caso omiso de las provocaciones.

—¡No sabes nada de la vida y de la muerte joven O’Carroll! ¡No funciona así! —exclamó Caorthannach hecho una furia— ¡La vida y la muerte no son juegos ni magia barata! ¿A qué crees que estás jugando? ¿Juegas a ser Dios?

—¡Tu libertad! —Volvió a exclamar sin inmutarse ante las palabras de la abominación— Llevas más de un siglo soñando con ella. Puedes obtenerla esta misma noche. ¿No la anhelas? —Le miró a los ojos desafiante— ¡Sé que puedes hacerlo! ¡Lo sé!

—¡Mi libertad y la de mis hijos! —afirmó autoritario tras unos momentos de reflexión y silencio, sosteniéndole la mirada, obligándole a evitarla— No me iré de aquí sin ellos. No la tendrás si no me los devuelves…

—El trueque es tú por ella. Vida por vida, nada más. Es lo que te ofrezco.

—No estás en situación de imponer condiciones. Cada minuto que pasa será más difícil traerla de vuelta. El tiempo juega en tu contra.

—Tú tampoco estás en condiciones de negociar. Sigues siendo mi prisionero. Soy yo el que negocia. Te ofrezco tu libertad por algo muy concreto. ¡No hay otro trato! —concluyó.

—¿Y si me niego? —preguntó Caorthannach sonriendo y volviendo a mostrar su lengua viperina.

—¡Les ofreceré a tu querida Deargdue a ellos! —La sonrisa del engendro se congeló en sus labios. Sus ojos restallaron látigos de ira y fuego.

—¡No puedes hacer eso! —gritó.

—¡Claro que puedo! Están hambrientos y la recibirán de buen grado. Y más tratándose de un bocado tan anhelado, especial y suculento para ellos. Y si su hambre no se sacia del todo con ella, les daré también a tu adorado Faoladh. Y mientras tanto, tú seguirás pudriéndote aprisionado tras esas cadenas mientras escuchas a tus hijos aullar de dolor y sufrimiento —El hijo aludido se removió en sus grilletes tras ser nombrado. Aulló como una bestia acorralada y las paredes de la cueva se estremecieron. Los soldados se encogieron y agruparon entre ellos. El pavor se reflejaba en sus semblantes.

—¿Ves como no eres muy diferente de nosotros? —le reprochó Caorthannach— Os enorgullecéis hablando de la nobleza humana y despreciando a cualquier otra raza que no sea la vuestra llamándola vil e inmunda. En el fondo sois como cualquier otra, utilizáis toda arma a vuestra disposición, incluso las más deleznables, para satisfacer vuestros deseos y anhelos o lograr los propósitos que perseguís. Dime, ¿quién está siendo ahora cruel y despreciable? Te aprovechas de nuestra situación, me pides algo horrible y maldito a los ojos de los vuestros y me amenazas con el sacrificio de mis hijos si no te satisfago. ¿Y después sales a las puertas de tu castillo y te llamas a ti mismo noble y señor? —Escupió a los pies de Lord O’Carroll y se irguió cuanto pudo de espaldas a la pared. Su porte era imponente—. ¿Tendrías el valor de pedirme lo mismo sin estas cadenas?

—Sabes que no —le contestó sin sombra alguna de duda—. Tampoco estaríamos en igualdad de condiciones de hacerlo. Puedo ser cruel. Puedo ser injusto. Puedo ser muchas cosas, pero no soy estúpido. No te lo repetiré más: su vida por tu libertad.

—Eres consciente de que, si me das la libertad, volveré a buscarlos. De que no cejaré en mi vida hasta que los libere, por muchos hechizos, conjuros y encantamientos que otras criaturas hayan puesto a tus puertas y a estos hierros. No descansaré hasta que los lleve conmigo, extermine a lo que tienes ahí abajo y no quede una sola piedra en pie de tu hogar.

—Llegados a ese punto, si tengo que enfrentarte como mis antepasados, lo haré. Pero ahora tenemos un trueque que hacer. ¿Qué me dices? —La criatura le sostuvo la mirada unos interminables momentos, y finalmente asintió.

—¡Lo haré! —exclamó— Pero ya te he dicho que las cosas no funcionan así. Ella no volverá a ser la misma mujer que conociste. No se regresa del más allá sin pagar un precio. Su alma ya ha sido entregada a otros. Volverá sin ella. Lo que encuentres quizá no te agrade demasiado, pero sí así lo quieres…

—Con tenerla de vuelta me es suficiente…

—¡Quítame entonces estas argollas!

—Si intentas cualquier treta o artimaña, los soldados que hay abajo tienen la orden inmediata de dejar en libertad aquello que más temes. Nosotros moriremos. Pero vosotros también. Y no quieres eso, ¿verdad? A mí, sin ella, la vida me da igual Y mis soldados han jurado morir protegiéndome. Y sé que así lo harán. Pero tú no quieres morir. Y tampoco quieres ver morir a tu descendencia. No llevas milenios caminando sobre la faz de la tierra para desvanecerte de esa forma. Y mucho menos a manos de tu ancestral enemigo. ¡Así que al menor indicio o sospecha de un movimiento amenazante o temerario por tu parte, todos moriremos en este día; aquí y ahora!

—Los mayores tramposos son los que más temen a las trampas. ¡Bájame de aquí! Te daré lo que me has pedido, y luego me iré por esa puerta. Lo que suceda después con lo que despierte de ese cuerpo, es cosa tuya. ¡Y hoy no, pues dejaré que disfrutes de tu amada… pero volveré!

—¡Qué así sea! —sentenció. Los dos soldados con armadura que habían permanecido allí custodiando a los cautivos, se acercaron al monstruo a una señal de su lord. Asustados ante la cercanía de aquel ser, asqueados ante el olor nauseabundo que despedía, pero aun así firmes y decididos. Uno a uno, fueron abriendo los grilletes y liberaron las cadenas de sus argollas hasta que al fin quedó libre. Retrocedieron asustados cuando la enorme criatura se puso en pie. Todos echaron mano a la empuñadura de sus espadas, prestos a cualquier movimiento amenazador. Caorthannach se enderezó. Era una criatura esplendida y majestuosa pese a todo lo abominable que había en ella. Crujió uno a uno todos los huesos de su espantoso cuerpo y miró a sus hijos. Les habló en un idioma gutural y desconocido. Ellos asintieron y respondieron algo en la misma lengua. A continuación, se volvió hacia Lord O’Carroll.

—Te arrepentirás de esto más allá de tu vida y de tu muerte —Se acercó al ataúd que descansaba en el suelo. Los soldados se apartaron como si la misma Muerte les hubiera acariciado el rostro. Se agachó sobre el cuerpo sin vida de Lady Cairenn. Inhaló el hedor de la putrefacción. Se deleitó con él. Relamió sus labios con su lengua siseando de placer. Y finalmente, hundió los largos colmillos en su cuello. Chupó su sangre estanca y corrompida. La tragó. Sus ojos brillaron, rojos como ascuas encendidas. Dejó que aquella sangre nueva recorriera todas sus venas y arterias, bombeara desde su corazón y recorriera la enorme complejidad del sistema nervioso de su cuerpo. Y después, a través de los mismos orificios que había abierto en la piel de la dama, insufló parte de la antigua y legendaria sangre en su interior, como una transfusión, insuflándole vida. Una vida maldita a los ojos de Dios.

Cuando se retiró del cuello de Lady Cairenn, su boca chorreaba sangre. Permaneció de rodillas, contemplando su rostro. James O’Carroll y los soldados se acercaron también a mirar. Atemorizados, pero al mismo tiempo sedientos de curiosidad. No parecía haber ningún cambio en la mujer. Salvo, tal vez, un poco más de color en sus mejillas. Sí, sin duda estaban más sonrosadas. Entonces, la sangre nueva de aquel ser llegó a su corazón y éste volvió a la vida. Primero entre estertores y latidos débiles y arrítmicos. Pero, poco a poco, fueron ganando en fuerza y ritmo hasta que se estabilizaron. El aire volvió a sus pulmones y, milagrosamente, volvió a respirar. En esos momentos abrió los ojos. Los soldados ahogaron gritos de horror y espanto, de sorpresa y alegría. Su señor se arrodilló junto a su amada, tomándola de las manos.

—¡Mi señora! ¡Estáis viva! —exclamó entre sollozos— ¿Podéis escucharme? — Lady Cairenn miraba a su alrededor confundida, como un bebé recién nacido que no comprendiera nada de aquel mundo nuevo que se mostraba ante él.

—Acaba de regresar del vacío y la oscuridad —explicó el ser—. Ha perdido su alma. Y carece por completo de recuerdos. No se acuerda de vos ni de nada de su vida anterior. Ya os lo advertí. No volveréis a recuperar a la mujer que se fue. Tendréis que enseñarle todo de nuevo. Y aprenderá despacio, mucho más lentamente que un niño. Aun así, dudo mucho de que sea capaz de volver a amar. Ni a vos ni a nadie. No obstante, es lo que queríais. Y ahí la tenéis. He cumplido mi parte, os toca hacer lo mismo con la vuestra.

—Como os prometí, sois libre —le contestó incorporándose—. Ninguna cadena os retiene. Conocéis el castillo tan bien como yo. Incluso mejor. Así que creo que seréis capaz de hallar la salida sin que os acompañe hasta la puerta. Salid ahora que la noche aún os ampara.

—¡Volveré O’Carroll! ¡Y entonces lamentarás haberme tenido cautivo! ¡Y lamentarás todavía más haberme liberado!

Dio media vuelta y pasó entre los soldados. Siseó y estos se encogieron asustados como un roedor ante una serpiente. La bestia rio. Carcajadas que parecían lamentos. Era cualquier cosa menos el sonido de una risa de este mundo. Se agachó para pasar por la oquedad de la celda. Abrió la puerta de la galería y se perdió escaleras arriba. Claro que conocía la salida. Se sabía de memoria aquellos pasadizos y galerías. Llevaban allí desde milenios antes de que unos antiguos humanos, más sabios que los de ahora, decidieran construir un castillo para aprovechar las energías telúricas que emanaban de aquel enclave. Querían aprovechar su magia y su poder. Pero no contaban con los numerosos seres que habitaban en las profundidades y a los que despertaron de un antiguo letargo.

Cuando salió a la noche, los lobos aullaron. No era un saludo. Gemían de miedo. Los búhos y las lechuzas se encogieron en sus ramas. Los cuervos escondieron su cabeza bajo las alas y los murciélagos regresaron a sus cuevas. Toda criatura viviente se alejó de su camino. Sólo un reptil que salió de entre las piedras se alegró de escuchar sus pasos. Trepó por sus piernas y se enroscó en torno a su pecho. Era una serpiente roja y negra de dos cabezas. Las dos sisearon al mismo tiempo. Caminó ladera abajo. Las hierbas y plantas que pisaba se secaban a su paso. Cruzó un arroyo cuyas aguas humearon e hirvieron. La luna se escondió tras una nube. Y su silueta se fue perdiendo en la distancia.

Mientras tanto, en el subterráneo del castillo, James O’Carroll había recobrado el aplomo y la compostura. Había ordenado a dos de sus soldados que subieran a Lady Cairenn a sus aposentos y que, a su vez, diesen órdenes a sus sirvientas de que la bañaran, alimentasen y metieran en la cama sin hacer preguntas. Él permaneció un rato allí, dando instrucciones a los guardias que debían quedarse a custodiar a Deargdue y Faoladh. A continuación, se dispuso a abandonar la enorme caverna, acompañado de los otros dos soldados que habían bajado con él. El de mayor graduación se detuvo y le preguntó a su señor.

—Mi Lord, ¿qué otras criaturas son las que se escuchan más abajo? — O’Carroll lo miró con tristeza. Una nube de aprensión y dolor cruzó su rostro. Le puso una mano en el hombro a su capitán.

—Mejor no quieras saberlo —Dio media vuelta y se encaminó escaleras arriba. En su dormitorio le esperaba su amada Lady Cairenn. Añoraba su feliz reencuentro, ignorante aún de que Caorthannach, finalmente, sí le había engañado. No le había devuelto a su esposa, la había transformado en una criatura de su raza. Ella se encargaría de prepararle el majestuoso y triunfal regreso a su antiguo hogar.

 

Juanma Nova

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🖊Crítica: Un lugar tranquilo 2018

Dirección John Krasinski

Guion Scott Beck, Bryan Woods, John Krasinski (Historia: Bryan Woods, Scott Beck)

Música Marco Beltrami

Fotografía Charlotte Bruus Christensen

Reparto Emily Blunt,  John Krasinski,  Millicent Simmonds,  Noah Jupe,  Cade Woodward, Leon Russom,  Doris McCarthy

Productora

Platinum Dunes / Sunday Night. Distribuida por Paramount Pictures

Sinopsis

Sigue la historia de una familia que vive en una casa en el bosque cuidándose de no emitir ningún sonido. Si no te escuchan, no pueden cazarte…

Un lugar tranquilo es un amalgama de géneros, ciencia ficción, drama , terror, suspense a partes iguales.

Se sustenta sobre todo en la idea del silencio absoluto como premisa,ya que, de lo contrario serian cazados por unos monstruos extraterrestres que han invadido el planeta , en como seria un mundo ausente de ruido.Otro pilar que se le puede observar a la película es la buena labor que realiza Krasinski tras las cámaras, un trabajo pulcro y  con buen pulso. Así mismo elogiar la labor actoral de los cuatro protagonistas que conforman la familia protagonista, donde destaca por encima de todos Emily Blunt que esta fantástica como de costumbre.

Pero a pesar de sus buenas cosas la película no convence del todo. Las situaciones que se van desarrollando a lo largo de la trama se le nota demasiado las referencias a otras películas,expuestas de manera poco disimulada, que se torna en un conjunto de clichés por momentos.

La escena donde el padre salva a sus hijos, la escena final en el sótano donde descubren el punto débil de los monstruos…… 

Los agujeros en el guion son demasiado grandes, como para dejarlos pasar por alto, como se le puede pasar por la cabeza a unos padres responsables tener un crio en un mundo como ese ? los monstruos extratarrestres pueden escuchar ruidos a miles de km pero no escuchan al bebe llorar a su lado?…..

La familia es cliché pasado de moda, la madre se queda en casa y el marido va a recolectar y a la aventura y eso se extiende a los hijos según su sexo.

Un lugar tranquilo es una película que te deja a medias, con un sabor agridulce, se disfruta y es agradecida, por los actores y la buena puesta en escena, pero una vez terminado su visionado, te deja la sensación de estar ante un sucedáneo de otras muchas cosas, con un guion que se inverosímil incluso dentro de la ficción.

( Marck E. Monroe )

🖊Crítica: Verdad o reto (2018)

Verdad o reto | Crítica por Marck Monroe

País Estados Unidos
Dirección Jeff Wadlow
Guion Jillian Jacobs, Michael Reisz, Christopher Roach, Jeff Wadlow
Música Matthew Margeson
Fotografía Jacques Jouffret
Reparto
Lucy Hale,  Tyler Posey,  Violett Beane,  Nolan Gerard Funk,  Hayden Szeto, Sophia Taylor Ali,  Landon Liboiron,  Aurora Perrineau,  Sam Lerner,  Brady Smith, Carlo Sciortino,  Tom Choi,  Tim Neff,  Morgan Lindholm,  Omar Leyva
Productora Blumhouse Productions. Distribuida por Universal Pictures
Sinopsis
Todo comienza con un grupo de amigos pasándoselo bien, hasta que empiezan a jugar a ‘verdad o reto’. Lo que parece un juego de niños se acaba convirtiendo en algo terrorífico.

Película de terror juvenil que reúne todos los tópicos del genero.sin ser nada del otro mundo consigue al menos entretener que ya es algo. El director recoge la idea de una maldición, heredera de la mítica franquicia destino final. Dirigida con bastante acierto y con un desarrollo acertado, Waslow, hace un trabajo bastante aceptable aunque peca de ser un producto poco atrayente dada su poca originalidad, aunque bien expuesta, en el concepto y puesta en escena.
Lo poco que destaca es la idea misma del juego por lo que, los protagonistas, son llevados a través de la trama a buscar una salvación por sus vida, así mismo la incursión de ese triangulo amoroso le da algo de cuerpo a la historia.

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Los actores están bastante correctos para tratarse de este tipo de producciones, a pesar de contar con personajes en su mayoría mas que manidos, el resultado es bastante decente.
Una película vista ya mil veces antes y no presenta nada novedoso y atractivo de todas maneras puede llegar a entretener si no se tienen demasiadas expectativas ante su visionado y no se tiene nada mejor a mano.

(Marck Evelyn Monroe )